Capítulo 7 - Folklorismo

3 0 0

7 - Folklorismo

 

En la cofradía, los reglamentos bajo los que se rigen los cerberos suelen ser más estrictos que el de los folkloristas humanos, con el simple hecho de ver los collares de obediencia eso debería de quedar en claro. Aunque para Ludovic esto poco le importaba, solía ignorar varios de esos reglamentos, como el que le limitaba o prohibía el acceso a ciertas zonas del claustro, como en el que se hallaba en aquel momento.

Se encontraba recostado en una de las butacas de la zona más alta de uno de los anfiteatros de la academia de folklorismo. Nadie se había percatado se su presencia gracias a la habitual penumbra y a que solo la platea inferior estaba iluminada. Ludo podía relajarse y escuchar con tranquilidad la clase que se estaba dando.

—Folklore —escribió la profesora de introducción al folklorismo—. Si revisamos las definiciones de los diccionarios convencionales, encontraremos que el término abarca costumbres, creencias, arte y tradiciones populares.

«Novatos», pensó Ludo después de cambiar la canción en su celular y se acomodó sus audífonos de diadema.

—Como folkloristas, es crucial distinguir entre lo sobrenatural y lo preternatural —continuó la profesora, una mujer alta y esbelta que tenía toda la apariencia de haberse especializado en el combate de tipo paladín.

Para Ludovic, los paladines junto con los bardos, los consideraba como los folkloristas más pretenciosos y elitistas de la cofradía, incluso los cerberos que terminaban emparejados con alguno no tardaban en infectarse con soberbia, como si se les olvidara que eran ellos los que seguían portando el collar de obediencia.

Los dedos inquietos de Ludo empezaron a tamborilear el suyo provocando un leve tintineo con sus uñas. 

—Desde la Guerra del Diluvio, la Cofradía ha estudiado las leyes de la creación y cómo estas afectan los distintos planos de existencia. Lo sobrenatural es aquello que rompe con la estructura natura algo imposible que no debería existir. Mientras que lo preternatural —y aquí hizo una pausa—, es aquello anormal pero que sigue operando dentro de las normas divinas.

Ludo arqueó una ceja. «Adánes y evas con su necesidad de darle etiqueta a todo», pensó.

—Entonces, el folklore corresponde a aquellas irregularidades preternaturales que afectan el plano terrenal. Para aquellos que no poseen gracia terminan siendo esos encuentros con lo desconocido, aquello que termina dando forma a mitos y leyendas —terminó de explicar mientras algunos de su audiencia tomaban nota.

Muchos de los estudiantes se apresuraban en tomar nota. Ludovic se recostó más, colocó los pies descalzos sobre la barandilla y observó el techo gótico con los candelabros de plata, apagados.

La mujer dio un par de vueltas alrededor del escritorio antes de detenerse. Una joven levantaba la mano de forma tímida.

—Entonces, ¿es importante conocer la cultura del sitio donde se formó la alteración de folklore? —preguntó con evidente nerviosismo.

—Exacto. No podemos enfrentarnos a un wendigo igual que a nos enfrentaríamos a un dullahan. Criaturas diferentes, cultura diferente, folklore diferente —dijo la paladín, marcando cada palabra con gestos de sus manos—. Piénsenlo así: un médico no va a tratar una meningitis de la misma forma que lo haría con una apendicitis. Pero bueno, me estoy desviando del tema…

La profesora se sentó y proyectó una presentación sobre la historia del folklorismo, la fundación de la Cofradía y la construcción del Claustro, lo típico que enseñaban los primeros días de academia.

Ludovic conocía la mayoría del contenido a pesar de que la formación de los cerberos se daba en otra parte, en un edificio diferente dentro de otra montaña conectada al claustro a través de túneles. “Seguridad para ambos aprendices” era la respuesta que daban cuando alguien preguntaba la razón por la que no se daba el adiestramiento en un mismo lugar.

Se repetía hasta el cansancio que los cerberos eran miembros fundamentales desde la guerra del diluvio, compañeros importantes, o al menos era la narrativa que se vendía cuando un ser preternatural se le ofrecía volverse un cerbero  junto con el perdón de haber quebrantado los tratados de Yeru Shalom. Ludovic había sido reclutado en otros tiempos, unos más brutales. En aquellos entonces el trato de los folkloristas hacia los pueblos preternaturales era más violento, las guerras mundanas y las plagas que habían por Ourebia mantenía a la cofradía con los nervios de punta, pues los conflictos civiles también afectaban al mundo preternatural de forma indirecta.

Pero a pesar de las décadas transcurridas cuando a alguien se le ofrece ser cerbero no tiene muchas otras opciones; por una parte ser un esclavo, ser desterrado al páramo, o en casos mas extremos... morir.

Nunca se menciona lo implícito, que terminarás siendo un rechazado, tanto por folkloristas como por el resto de seres preternaturales fuera de la cofradía.

Pasó otro rato observando a los nuevos reclutas. Ludo tenía este juego en el que intentaba adivinar la especialización de combate que terminaría tomando los novatos. ¿Artilleros, asesinos? Resultaba fácil detectar a los que se volverían guardianes o berserkers, pues solían ser los más grandes y musculosos. Los bardos eran los más obvios por lo potente que solían oler sus auras. En ese grupo, detectó a dos.

El juego también tenía segunda parte: adivinar cuántos sobrevivirían a su primera misión.

Cuando se aburrió, volvió a recostarse y estiró aún más sus pálidos pies descalzos. Cambió de canción, hasta que encontró otra de sus favoritas. Ludo no tenía un genero favorito, le gustaba de todo, y en ese momento lo que se reproducía era una electrónica con bajos intensos.

Dormitó hasta que percibió unos pasos acercándose, aun sobre el volumen de sus audífonos. También detectó un perfume inconfundible, jazmín y gardenia.

Charlotte se sentó a su lado en el momento en el que Ludovic abrió sus ojos, se retiró una liga que colocó en su muñeca soltando así su rizado cabello castaño sobre sus hombros y abrió una bolsa de papel en su regazo. Ludo sonrió al ver el logo del círculo de pseudociencias en la bolsa, una serpiente trepando por un árbol intentando devorar una estrella que había en la punta.

—Empiezo a notar un patrón en tus escondites —dijo Charlotte, dándole un sorbo a su termo metalico. El aroma del café negro llegó de inmediato a la nariz de Ludovic—. Esta vez solo me tomó diez minutos encontrarte.

Sin la ayuda de un reloj resultaba difícil intuir la hora dentro del Claustro, la ausencia de ventanas por estar bajo tierra jugaba un factor importante. Pero para Ludo si Charlotte estaba tomando café y traía ropa deportiva significaba que era tarde por la noche, ella al igual que él solo entrenaba a esas horas, ambos disfrutaban del espacio extra y la privacidad.

«Cierto...» pensó Ludo aguantandose las ganas de golpearse la cabeza «Le prometí que la acompañaría.»

—¿Seguro que no es porque descubriste cómo pedirle a Monad que te dijera mi ubicación? —señaló su collar. Este emitió el mismo pitido que indicaba el tiempo de su chequeo y alimentación.

Charlotte entrecerró los ojos y dio otro sorbo a su café.

—Sí, bueno… me topé con Rose cuando fui por tu malteada, aproveché para preguntarle cómo funcionaba eso.

Sacó un baguette de centeno de la bolsa y la dobló para guardarla en el bolsillo de sus leggings.

Ludo le lanzó una mirada de decepción al ver que no había malteada, ella suspiró.

—Traté de que me la dieran pero Rose dijo que debiste haberte presentado en la clínica desde antier. Si quieres tu malteada necesitas que te hagan tu revisión.

—No quiero —espetó Ludo cruzando los brazos—. NovaTec está ocupado y de seguro alguien más terminará siendo mi galeno.

Charlotte se detuvo confundida antes de morder de nuevo el baguette.

—Creí que te llevabas bien con los alquimistas y galenos de pseudociencias.

—Sí… pero nunca falta que alguien me mire raro —dijo volviendo a dar golpecitos en su collar aunque ahora de manera más intensa.

—¿Nunca te ha revisado alguien que no sea NovaTec?

—Si... algunas veces, la ultima el que me revisó empezó a hacerme… sugerencias.

—¿Sugerencias?, ¿de qué clase?

Ludo suspiró y su pierna empezó a sacudirse.

—Ya sabes...

—Oh… 

Charlotte no tardó mucho en entender. Su expresión pasó de la confusión a la molestia. Sin notarlo empezó a aplicar más fuerza en sostener su baguette.

—¿Le contaste a NovaTec?

—¿Para qué? Suficiente tuvo con defenderme ante el consejo y convencerlos de que no me eliminaran después de lo del crucero.

Hubo silencio.

—¿Por qué no me lo contaste a mí?

Ludo la miró y sonrió, sincero. Había pasado mucho desde que alguien se preocupó por él de forma tan genuina, alguien a parte de NovaTec.

—Charlz, estuviste hecha polvo por días —dijo sin borrar la sonrisa, aunque su voz sonaba opaca—. Además, no pasó nada, solo fue un idiota actuando como idiota, te consta que la cofradía está lleno de esos, incluso tú me has dicho que de repente me llego a comportar como uno.

Charlotte esbozó una sonrisa, apenas perceptible.

—¿A veces? —preguntó ella.

Guardó el baguette sin siquiera haber comido la mitad.

Ludo escuchó un sonido agudo, uno que reconocía, el de la liga de cabello de Charlotte azotando la piel de su muñeca, unos cuantos azotes más y la muñeca ya se veía enrojecida.

—Bueno… ¿nos vamos? —cuestionó Ludo después de ponerse de pie—. A menos que quieras repasar primer año —señaló con la mirada hacia abajo.

Estiró sus brazos, entrelazó los dedos de ambas manos por encima de su cabeza provocando que el sueter que portaba se levantara por ecima de su ombligo, dejado ver parte de su abdomen y la capa de vello oscuro que lo cubría. Al cambiar de postura algo llamó la atención de Charlotte. Ella, sin decir una palabra, tomó su termo metálico, y con un rápido movimiento golpeó la entrepierna de Ludovic.

—¡Ufff! —Ludo se encorvó llevando de inmediato sus manos a su ingle— Pourquoi bordel as-tu fait ça?

—No traes ropa interior, otra vez.

—¿Por qué tendría qué?, no pensaba ver a nadie.

Se dio cuenta de su error demasiado tarde, la sonrisa de triunfo de Charlotte se lo dejó en claro.

—Entonces SÍ lo olvidaste, ¿eh? —cruzó sus brazos y apretó sus labios—. Prometiste que entrenarías conmigo todos los viernes.

—Perdón, ni siquiera sabía que hoy era viernes —replicó. Miró el termo que aun sostenía Charlotte en una mano—. ¿Eso es un termo o polaina?

—Dejémoslo para mañana —Charlz afirmó antes de ponerse de pié. Dió media vuelta hacia las escaleras por las que había llegado—. Te lo recordaré por mensaje.

—No, no, vayamos de una vez.

Ludo se adelantó para abrirle la puerta.

—¿Seguro? —preguntó ella—. Tu collar no ha dejado de pitar. Deberías ir mejor al ala galena.

—El hambre no me afecta como a ustedes.

—Ya lo sé, se te pone dura, una razón más para que uses ropa interior —afirmó con genuino desagrado—. ¿Y así quieres que se te reconozca como buen folklorista?

—Mi eficiencia no depende de la ropa que uso —replicó y entornó los ojos—. Puedo masacrar a toda una habitación llena de caínes estando desnudo, lo haría tan rápido que ni siquiera se darían cuenta.

—Lo sé… pero por favor no —dijo Charlotte mientras le palmeaba un hombro.

Caminaron en silencio por un rato, Caminaron en silencio, el eco de las pisadas de Charlotte rebotaba por las paredes como un acompañante más entre los dos, los pies descalzos de Ludo apenas y hacían ruido en comparación de los tacones de su compañera.

Después de salir de los dominios de la academia de folklorismo llegaron a una intesección  de pasillos, Ludovic casi tropieza al darse cuenta de que Charlotte había girado en sentido contrario, en dirección de los dormitorios de cerberos.

—Para allá no es.

—Pasaremos primero a tu habitación —afirmó Charlz sin disminuir la velocidad de sus pasos— . Mínimo ponte un boxer, no quiero ver esa cosa penduleando mientras te disparo.

—¡Ja!, para empezar ¿Qué te hace creer que una de tus balas me va a dar? —preguntó ya de nuevo a espaldas de su compañera.

Dos lupercales que se hallaban a un par de metros saltaron de sorpresa ante el eco de sus voces, se miraron mutuamente y se apresuraron a entrar en una habitación.

Llegaron a la puerta más alejada del pasillo. Todas las puertas eran iguales aunque la suya tenía algunos raspones en la parte inferior y en la zona de la perilla. Ludo activó el interruptor revelando una habitación pequeña, un cuatro por cuatro algo desordenado y con un curioso olor artificial de plátano flotando por el aire. Había una cama individual, un escritorio saturado de ropa, y un viejo estante con un equipo de sonido decente, en el resto de repisas se veían montones de CDs, cassettes y varios vinilos. 

A través de las décadas Ludovic desarrolló el hobby de hacerse con algún álbum de alguna banda local del lugar al que lo mandan de caso. La única excepción ha sido la vez del crucero pues no se hallaba en un sitio especifico, esa ves tuvo que hacer con algo diferente.

Después de sentarse en la cama Charlotte tomó una veladora de una repisa cercana, la acercó a su rosto para de inmediato fruncir la nariz con el ceño.

—¿Otra vez con el plátano?

—Me gusta—respondió encogiéndose de hombros—, el olor me relaja.

Al abrir su closet Ludo se topó con el espejo de cuerpo entero que colgaba al otro lado de la puerta, en él vio reflejada a Charlotte quien seguía al borde de la cama, mirándolo.

—Ya se que eres lesbiana y que nos tenemos confianza, pero... ¿podría tener algo de privacidad, por favor?

—¡Oh! —exclamó levantando las brazos de forma exagerada—, disculpa, ahora SÍ tienes pudor —dijo ella. Le dio la espalda y se puso a mirar hacia la puerta de la cual colgaban un montón de corbatas que  casi nunca solían estar en el cuello de Ludovic.

Prácticamente se desnudó, pues hasta entonces solo llevaba una sudadera y un pants gris, ambos volaron hacia el escritorio con el resto de ropa sucia.

¿A ti qué te importa si uso ropa interior o no?, me es mas cómodo cuando empiezo a tener hambre —sacó unos briefs blancos del cajón y se los puso siéndole imposible ahogar una queja cuando su miembro semierecto se negó a acomodarse en el elástico. Ludo hubieran preferido unos boxers holgados pero no tenía ninguno limpio en ese momento—, así no siento que me estoy asfixiando el pene.

Suspiró frustrado ante la idea de alguien más le hará su revisón medica. Además, Micolash no tardará en enterarse y eso solo sería peor, ningún cerbero tenía permitido salir a misión sin antes haber sido revisado por un galeno.

Merde… —maldijo después de ponerse un short negro deportivo.

Estaba por ponerse entrar en una camiseta sin mangas cuando escuchó ruido detrás. Al voltear vio a Charlotte frente a su escritorio.

—Oye, ¿estos no son los dulces que tanto le gustan a NovaTec? —preguntó levantando una bolsa llena de paletas de caramelo morado, el envoltorio tenía un montón de uvas amontonadas y sonrientes.

En un parpadeo Ludo ya se hallaba a su lado, le arrebató la bolsa con un movimiento veloz y limpio, aunque Charlotte ni se inmutó por la impresionante rapidez de su compañero.

—¿Por qué los tienes? Tú no comes dulces. O sea… tú no comes.

—Vi que los vendían en una tienda del crucero —respondió apresurado—, supuse que sería un buen regalo, siempre menciona que son difíciles de conseguir por internet además de ser algo caros... pero ya sabes, ha estado muy ocupado para darselos.

Hasta que cerró la boca fue que se dio cuenta de que se le había soltado mucho la lengua.

Suspiró de alivio al ver a Charlotte encogerse de hombros ante su respuesta. Llevaban cinco años como compañeros de floklorismo pero Ludo aun no se sentía con la comodidad de ciertos temas, agradecía que Charlotte fuera despistada para algunas cosas.

Después de guardar la bolsa de paletas se encontró a Charlz mirando su torso desnudo, sus cejas se arquearon.

—Se me había olvidado que te pusiste esas cosas…

Ludo, bajó la mirada hacia su pecho, en especifico hacia los piercings plateados que brillaban en sus pezones.

—Me entró la curiosidad desde que vi a algunos de esos vacacionistas, me dije ¿por qué no? —explicó encogiéndose de hombros—. Tú también los viste, ¡no?, algunas chicas se les notaban a través del bikini. Se me hicieron sexys.

—Era una pregunta retórica, no ocupabas responder —dijo sin humor.

Esos fueron los souvenir con los que se hizo en su ultimo caso.

Al fin se puso la camiseta sin mangas.

—¿No te dolieron? —preguntó Charlotte.

—¿Comparándola con la espada que me atravesó como brocheta? —dijo levantándose la playera señalando la cicatriz sobre su ombligo, un tajo limpio que aun se le veían puntos de sutura—, no dolió nada.

Salieron del cuarto.

Los viernes por la noche solían ser tranquilos en el claustro, quienes no se hallaban fuera en misiones se recuperaban entre la comodidad de sus sabanas. Desde hacía un par de días que se interrumpieron las salidas de folkloristas por problemas que presentaban los caminos, la situación radicaba cuando se trataba de sincronizar una puerta en Zan Mar Tyn, aun así se decidió interrumpir cualquier salida mientras los alquimistas investigaban la causa.

Tal como lo imaginaron Ludo y Charlotte el gimnasio se hallaba practicamente vacìo, apenas se alcanzaban a ver algunas personas realizando peso muerto.

Después de calentar por media hora ambos se dirigieron a la armería, la cual tambié se hallaba vacía, de hecho no había nadie atendiendo el escritorio, lo bueno era que Monad; la inteligencia artificial del claustro siempre estaba al pendiente en la computadora.

Charlotte se acercó a una terminal y pasó la pantalla de su reloj sobre el escáner.

BUENAS NOCHES CHARLOTTE.

Una voz electronica salió a través de unos parlantes. En el techo una camara que colgaba de una esquina del techo ajustó su lente en dirección de la folklorista.

—Necesitamos nuestras armas por un par de horas —aseguró mientras tecleaba. Ludo se colocó en la terminal que habìa a un lado e hizo lo mismo—. Ludo y yo usaremos una arena de combate.

ENTIENDO. YA PUEDEN ACERCAR SUS MUÑECAS.

Ambos lo hicieron. Un brazo robótico les colocó unos brazaletes de metal negro en las dos muñecas, los llamados alijos, objetos de apariencia simple pero que contenían sus armas entre otros objetos más que resultaban útiles durante las misiones.

Cruzaron el amplio umbral que daba hacia las salas de entrenamiento, además del eco de sus pisadas no había nadie más presente.

PUEDEN ACERCARSE A LA ARENA DE COMBATE UNO.

Una luz incandescente iluminó una amplia sala vacía. Lo único que la separaba del resto del pasillo era un grueso muro de cristal, sobre este se iluminó una pantalla la cual proyectó en grandes letras amarillas: Arena 1.

Dentro de la sala no se veía nada más que los muros de color negro que la delimitaban. Una vez frente a la sala se podían notar unos patrones hexagonales que se repetían por toda la superficie.

Charlotte se puso frente a otra computadora, una muy similar a la que usó en la armería, esta se hallaba junto. La pantalla que colgaba de lo alto se apago y a los segundos mostró algo diferente, el logo que representaba a Monad: un punto sencillo rodeado por un círculo simétrico.

¿ALGUNA PREFERENCIA EN EL PROGRAMA DE ENTRENAMIENTO? ¿O CONTINUAMOS CON EL QUE USASTE LA ULTIMA VEZ?

—No. Programa un versus —respondió Charlotte volviendo a teclear—. Ludovic contra mí, sin ningún escenario, todos los parámetros en básico.

ENTENDIDO. NOTIFICACIÓN ENVIADA A LA ALA GALENA EN CASO DE PRESENTARSE UNA EMERGENCIA. POR FAVOR CONFIRMEN EL ENTRENAMIENTO.

Ambos sus relojes por el escaner.

La pantalla sobre sus cabezas cambió de nuevo.

FOLKLORISTA VERSUS CERBERO

CHARLOTTE PAVLICHENKO, ARTILLERA

Fuerza 3/10

* * *              

Agilidad 7/10

* * * * * * *      

Resistencia 6/10

* * * * * *        

Aura 1/10

*                  

Sabiduría 8/10

* * * * * * * *    

Gracia 3/10

* * *              

LUDOVIC VALMONT, ASESINO

Fuerza 4/10

* * * *            

Agilidad 10/10

* * * * * * * * * *

Resistencia 7/10

* * * * * * *      

Aura 3/10

* * *              

Sabiduría 3/10

* * *              

Gracia 6/10

* * * * * *        

ANÁLISIS DE ESTADÍSTICAS: EQUILIBRADO. PUEDEN INGRESAR A LA ARENA.

El eco de una chicharra rebotó hasta el final de cada extremo del pasillo. Un sonoro click anunció que Monad había desbloqueado la puerta de entrada. Antes de que Charlotte pudiera cruzarla Ludo se interpuso en su camino.

—Ya que pareces tan confiada de que tus balas van a atinarme te propongo algo —sugirió mostrando sus hoyuelos a través de una sonrisa.

—¿Qué?

—Hagamos una apuesta, si en veinte minutos no logras darme tendré pase doble pase en Zan Mar Tyn.

—¿Pase doble?, ¿ en serio? —cuestionó incredula y con burla—, ¿ya se te olvidó que te cogiste a dos en el crucero?

—Pero eran pareja, no imaginé que esa bella morena tendría novio —respondió con su mirada celeste perdida mientras recordaba—, el tipo resultó bisexual igual que yo, en vez de molestarse por que su chica me coqueteaba prefirió unirse —afirmó encogiendose de hombros.

Charlotte le empujó apartándolo de la puerta.

—Me gustaría que pensaras más con tu cerebro en vez de con los genitales —dijo una vez en el interior. Ludo le seguía a sus espaldas—. No se que tantas tonterías haz oído de Aztlán, pero el lugar al que iremos está en medio de la nada, ¿crees que encontrarás a alguien que quiera follar contigo…?

—¿Sí o no?

—¿Y si gano yo qué? —demandò ahora Charlotte—, ¿qué pasará si logro darte?

Ya en el centro de la arena Ludovic soltó una risotada, Charlz le fulminó con la mirada y maldijo algo en sovien, una palabra que Ludo no creía conocer.

—Veamos... —llevó una de sus manos a su cuello, rascando su barba incipiente de paso mientras pensaba—, que tal si yo me encargo de hacer el informe después de que regresemos de Zan Mar Tyn. No, espera, haré ese informe junto con los de los próximos tres casos —aseguró determinado.

Pffff —fue ahora Charlotte quien soltó una risotada, una más larga y burlona—. ¿Y arriesgarme a que escribas estupideces? No gracias. Los informes los seguré haciendo yo.

La folklorista hizo chocar ambas pulseras negras provocando un agudo tintineo metálico, en una fracción aparecieron dos pistolas semiautomáticas con las que no perdió tiempo en encañonar a Ludo, este no pareció inmutarse.

—Monad, programa un cronometro de veinte minutos —pidió Charlotte.

ENTENDIDO. VEINTE MINUTOS, CONTANDO.

Charlotte disparó tres veces seguidas. El cerbero esquivo cada una de las balas sin problemas.

PROTOCOLO DE FOLKLORISMO INICIADO.

El suelo vibró bajo haciendo que los hexágonos que tapizaban cada centímetro de la sala se movieran mientras cambiaban sus patrones. La luz titiló hasta intensificarse, ya no era posible ver ni una sola sombra en el interior de aquella arena.

—Si logro darte, entrenas conmigo tres veces a la semana, sin excepción —demandó Charlotte haciendo que apareciera otra semiautomática en su mano izquierda.

La artillera volvió a disparar tres veces, Ludo no esquivó, en esta ocasión desenfundó un par de katanas que aparecieron entre sus manos después de que golpó sus alijos de la misma forma que vio hacer a Charlotte. Desvió las los disparos haciendo que saltaran chispas de las hojas.

Très bien —respondió afirmando con la cabeza.

MATERIALIZANDO VESTIMENTA DE BLINDAJE.

De los laterales de los alijos se empezó a extender una material negro, este se fue desplegando por cada extremidad hasta tornarse rugoso formando el patrón de diferentes telas y texturas, en tan solo unos segundos ambos habían pasado de vestir ropa deportiva a una traje oscuro que recordaba a las vestimentas tácticas de operaciones especiales, aunque más ajustado y con ese diseño medieval que parecía ser algo característico en la cofradía.

—Anda incubo autista —retó Charlotte a su compañero—, muéstrame esas acrobacias circenses de las que tanto presumes.

Ludovic juntó sus pies y se enderezó en una repentina pose elegante, dio una reverencia como  sobre un escenario.

QUE TENGAN UN BUEN ENTRENAMIENTO, FOLKLORISTAS.

Algunas zonas del suelo comenzaron a elevarse cambiando por completo el terreno. Columnas, valles y colinas aparecieron por la arena. A unos metros de Charlotte se levanto un muro al cual pegó su espalda, guardó una de las pistolas en la funda de su pierna y con la otra disparó desde su lateral. Ludo evadió con una serie de mortales hacia atrás hasta aterrizar sobre una columna.

En apenas unos minutos el interior de la sala se llenó del sonido de detonaciones y ruido metálico. Bajo ese mismo estruendo se llegaban a oír risas y carcajadas, en cierto momento el entrenamiento de Ludo y Charlotte se tornó un mero juego, ninguno de los dos recordaba la apuesta, ni el inminente misión de Zan Mar Tyn, mucho menos de la fuerte experiencia que vivieron hace unas semanas en el mar, tann solo eran un par de compañeros de trabajo que recientemente se volvieron amigos y que se divertían de forma poco convencional.

Please Login in order to comment!